jueves, 1 de mayo de 2014

Los hijos de la Virgen (cuento)










Un pobre leñador, con esposa e hija, tuvo una aparición. -Soy la Virgen María, -le dijo la bella mujer- y sé que eres muy pobre; por eso dame a tu hija, la llevaré al cielo y allí la cuidaré. El leñador aceptó y la niña fue muy feliz. Vestía de oro, y los ángeles reían con ella.

Catorce años después, la Virgen le dijo: - Niña debo viajar. Te confiaré las doce llaves del cielo; pero te prohíbo usar la número trece. Si lo haces, serás desdichada. La niña abrió doce puertas, y al llegar a la número trece. -Le abriré -dijo a los ángeles-, pero sólo para curiosear.

Ellos se negaron y ella pensó: “Entraré y nadie lo sabrá”.

Usó la llave prohibida y al abrir la puerta vio un fuego diabólico. Quiso encender la luz y su dedo se volvió dorado de por vida. Cerró la puerta y su corazón casi estalló de pánico. Días después, la Virgen llegó de su viaje y llamó a la niña: -¿Usaste la llave número trece? -le preguntó, al ver su dorado índice, y ella lo negó con cinismo. Pero la Virgen ya lo sabía: -¡No me obedeciste! ¡No eres digna de estar en el cielo! y cayó en un extraño sueño. Despertó en un desierto. Quiso gritar, pero no pudo hablar. Vivió bajo un árbol y se alimentó de hierbas resecas. Al evocar el cielo, lloró lamentándose. Pasó el tiempo, hasta que el rey de esas tierras halló a la bella joven, que vivía escondida y no hablaba. Así se enamoró, casándose con ella. Al año tuvieron un bebé; y la Virgen llegó al lecho de la reina, para que acepte que usó la llave maldita; pero ella lo negó con la cabeza. En castigo, la Virgen se llevó a su hijo al cielo. Al saber que el bebé había desaparecido, los funcionarios esparcieron el rumor de que la reina había matado a su propio hijo. Pero el rey, que tanto la amaba, rechazó la infamia. Un año después, tuvo otro hijo y la Virgen volvió a visitarla: -Rectifícate y verás al primer bebé, sino perderás al segundo. Ella siguió negándolo y la Virgen se llevó a su segundo hijo. Entonces, exigieron al rey que la juzgara; pero él lo rechazó. Luego, tuvieron una niña. De pronto, la reina estuvo en el cielo: allí vio a sus felices bebés. La Virgen la alentó a que confiese, pero ella otra vez mintió. Perdió así a su bella hija. Ante tanto escándalo, la condenaron a morir en la hoguera.

-¡Sí, -confesó la reina en pleno fuego- yo usé la llave maldita! ¡Triunfó la verdad! La reina recobró el habla, una lluvia divina apagó la hoguera y la Virgen descendió con los tres niños. Los reyes fueron vivados, siendo muy felices desde entonces. Fin
Los Hermanos Grimm

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