viernes, 21 de noviembre de 2014

Cuentos corticos!!!!!!!!





La poesía interviene positivamente en el desarrollo intelectual y emocional de los niños. Aunque a simple vista el lenguaje de la poesía no sea tan cercano, su ritmo y musicalidad la hacen muy atractiva para los niños.

Por eso, los poemas son una buena forma de introducir la lectura entre los más pequeños. Además, recitar poesía es una de las herramientas más utilizada en la educación infantil por los buenos resultados que otorga en el aprendizaje del niño.

A continuación Amiguito te presenta  unos cuentos  corticos , para aprender  y colorear  :
Luego tu puedes inventar tus propios cuentos.



Era una vez una danta

que se cayó de trompa


y  se rompió la garganta









Había una vez

una princesa  muy graciosa,

se asomó a un pozo

y se cayó por curiosa.










Este era un muchachito  gritón

que abrió la bocota

y se tragó  un limón.



Este era una vez

un gatito francés,

cayó de cabeza

y quedó al revés.








Un  ratoncito en  una alacena

estaba encaramado,

se quiso bajar y ... ¡cataplún!

Este cuento se ha terminado.








Este es el cuento de una ardilla,

lo empiezo a contar

y se acaba enseguidilla.








Fuente : "El Cardenalito" . Lengua y literatura. Primer grado. Colección Bicentenario.


21 de noviembre día de la Virgen de Copacabana. Patrona de Guarenas







En nuestra querida Venezuela, de tradición Mariana por excelencia, una de las advocaciones con que se le conoce a la Madre de Dios y contada entre las más antiguas del país, es la denominación de Nuestra Señora de Copacabana. Este nombre que lo lleva orgullosamente la iglesia fundadora de la ciudad de Guarenas, tuvo su origen en una revelación sobrenatural vivida por un indígena de nombre Tito Yupanqui.
El aborigen convertido al cristianismo, buscaba afanosamente propagar la fe y la conversión de sus demás hermanos de raza”, en la población de Copacaguanas, hoy territorio boliviano, según la investigación del historiador, Lucas G. Castillo Lara, plasmada en la obra: “Nuestra Señora de la Copacabana de Guarenas, apuntes para su historia colonial”.
Señala el referido libro que la advocación de Nuestra Señora de Copacabana, un nombre de sonora belleza que ostenta Guarenas, desde el mismo momento de su erección, tenía una honda raigambre indígena que enlazaba muy bien con la semilla autóctona de esta población. La fecha de fundación de Guarenas quedó establecida el 14 de febrero de 1621 y la de su fiesta patronal todos los 21 de noviembre.
En el expediente de erección de Guarenas, aparece escrito Copacagan y en otros lugares Copacaguan, pero transmutados posteriormente como Copacabana que es el nombre con que se le conoce en la actualidad.
En realidad, el nombre exacto de la Virgen era Copacaguanas y ello se derivaba del pueblo del mismo nombre donde se inició la devoción, ubicada “entre los repartimientos y pueblos indios de la ciudad de La Paz, hoy Bolivia. Ese pueblo de Copacaguanas estaba ubicado en la Península de igual designación, en el Lago de Titicacas.
En Copacaguanas, que en lenguaje quéchua significa “miradero de la piedra sagrada”, comienza entonces la advocación de Nuestra Señora de Copacabana, según escribe Castillo Lara. Agrega que en este pueblo moraba un indígena llamado Don Francisco Tito Yupanqui, quien soñaba elaborar con sus propias manos una imagen de la señora celestial.
Pero Yupanqui no era escultor ni artista; y aunque tampoco tenía las cualidades de un artesano, sí contaba con una fe inspirada que lo hacía buscar en lo plástico una representación de la misticidad que llevaba por dentro.
Un día tuvo una revelación y vio en su cuarto la visión de una señora dulce y grave aspecto, vestida de amplio manto que le caía en numerosos pliegues. En su brazo izquierdo sostenía un niño cuya cabecita se recostaba en el materno seno, y en la mano sostenía un cirio.
“Yupanqui como no tenía ninguna técnica, hizo una imperfecta y tosca imagen de barro”, que pudo ir modelando poco a poco con la ayuda de algunos conocedores del arte, tanto en Copacaguanas como Potosí, a donde se fue a radicar en su empeño de mejorar la imagen por él realizada.
Un especial apoyo fue el que le brindó Don Francisco de Viracocha, un pariente de los más principales de la familia imperial de Los Incas, también avecindado en el lugar, quien le permite, previo acuerdo con las tres tribus más importantes de la zona, regresar del Potosí la tosca imagen.
Fue así como ayudado por artistas y otras personas, que la irregular imagen tomó forma definitiva y aparece en 1583, como patrona de la población de Copacaguanas.
“Desde allí vino a Venezuela una copia de la imagen y fue colocada en la primitiva Ermita de San Pablo, según Arístides Rojas, por intermedio del obispo Fray Antonio Alcega, allá por los años 1607 a 1608, pero, al parecer, la devoción llegó mucho antes por intermedio del Capitán Sebastián Díaz de Alfaro, fundador de San Sebastián de Los Reyes, quien la dotó en su testamento de mandas para el culto”. 
Comenta Lucas Castillo Lara, que “el autor del nombre de Copacabana para Guarenas debió ser el mismo Gobernador La Hoz Berrío, quien era muy devoto de esa virgen y propagaba el culto”. Así también, “entre los objetos litúrgicos que los Encomenderos debieron suplir para la Iglesia del recién fundado pueblo de Guarenas, estaba la imagen de la patrona. Al principio debió ser un pequeño cuadro, que poco después fue sustituido por una imagen en madera de cedro, en cuyo pie estaba grabada la fecha de 1626”, tal como se conoce hoy en día.
A decir del Hermano Nectario María, refiere Lucas Castillo Lara, “es la imagen labrada en cedro y representa a la madre de Dios, en pie, con las manos cruzadas sobre el pecho… Su altura es de 16 centímetros; y descansa sobre una peana de madera que tiene forma de florero y que mide 11 centímetros en su mayor anchura”.
Es esta la patrona que distintas generaciones de guareneros han festejado. Es esta Nuestra Señora de Copacabana, que día a día y con “amoroso desvelo” observa y orienta desde lo alto de la nave central del templo dedicado a su nombre, el impulso de la fe y el progreso de la zona donde también se hará realidad el Reino de los Cielos.
Desde allí entrega a todos, el maternal afecto, cual homenaje para la posteridad al empeño de Tito Yupanqui, que hace recordar el sentido espiritual de todos los hombres y mujeres de esta tierra. ¡Felicidades guareneros!
¡Salve Virgen de Copacabana!

Fuente: Nuestra Señora de la Copacabana de Las Guarenas. Autor: Lucas G. Castillo Lara.
Recopila: Ramón Antonio Pérez.
*************************************************************************

domingo, 9 de noviembre de 2014

sábado, 8 de noviembre de 2014

Cuento El Rey Mocho

EL REY MOCHO (Cuento)





En un pequeño pueblo vivía un rey a quien le faltaba una oreja.

Pero nadie lo sabía porque siempre tenía puesta su larga peluca de rizos negros.


La única persona que conocía su secreto era el viejo barbero de palacio que debía cortarle el cabello una vez al mes. Entonces, se encerraba con él en la torre más alta del castill

Un día el viejo barbero se enfermó. Dos semanas después murió y el rey no tenía quien le cortara el cabello. Pasaron dos, tres días; dos, tres semanas, y ya las greñas comenzaban a asomar por debajo de la peluca.
El rey comprendió, entonces, que debía buscar un nuevo barbero. Bajó a la plaza en día de mercado y pegó un cartel en el tarantín donde vendían los mangos más sabrosos.
Y el cartel decía: EL REY BUSCA BARBERO JOVEN, HÁBIL Y DISCRETO.


Esa noche llegó al palacio un joven barbero.


Y cuando comenzó a cortar el pelo, descubrió que el rey era mocho de una oreja.
-Si lo cuentas,-dijo el rey con mucha seriedad-, te mando a matar.
El nuevo barbero salió del palacio con ese gran secreto. “El rey es mocho” pensaba, “…y no puedo decírselo a nadie. Es un secreto entre el rey y yo”.
Pero no podía dejar de pensar en el secreto y tenía ganas de contárselo a todos sus amigos.
Cuando sintió que el secreto ya iba a estallarle por dentro, corrió a la montaña y abrió un hueco en la tierra. Metió la cabeza y gritó durísimo:

¡EL REY ES MOCHO!





Tapó el hueco con tierra y así enterró el secreto. Por fin se sintió tranquilo y bajó al pueblo.

Pasó el tiempo y en ese lugar creció una linda mata de caña.

Un muchacho que cuidaba cabras pasó por allí y cortó una caña para hacerse una flauta.

Cuando estuvo lista la sopló y la flauta cantó:

El rey es mocho no tiene oreja por eso usa peluca vieja.

El muchacho estaba feliz con esta flauta que cantaba con solo soplarla.

Cortó varias cañas, preparó otras flautas y bajó al pueblo a venderlas. Cada flauta al soplarla cantaba:

El rey es mocho no tiene oreja por eso usa peluca vieja.

Y todo el pueblo se enteró de que al rey le faltaba una oreja.

El rey se puso muy muy rojo y muy muy bravo.

Subió a la torre del castillo y se encerró largo rato.

Pensó, pensó, pensó...

Luego bajó, se quitó la peluca y dijo:

-La verdad es que las pelucas dan mucho calor.

Y solo se la volvió a poner en carnaval.


Autora: Carmen Berenguer



Publicado por: Lic. Carmen Yolanda Fernández

LA FLOR DEL OLIVAR (Cuento)










En un país muy lejos de aquí, había una vez un rey ciego que tenía tres hijos.

 Lo habían visto los médicos de todo el mundo, pero ninguno pudo devolverle la vista.
 Un día pidió que lo sentaran a la puerta de su palacio a que le diera el sol. El sintió que pasaba un hombre apoyado en un bordón, quien se detuvo y le dijo:

 --Señor rey, si Ud. quiere curarse, lávese los ojos con el agua en donde se haya puesto la Flor del Olivar. El rey quiso pedirle explicaciones, pero el hombre se alejó, y cuando acudieron los criados a las voces de su amo y buscaron, no había nadie en la calle ni en las vecindades.

 El rey repitió a sus hijos la receta, y ofreció que su corona sería de aquel que le trajera la Flor del Olivar. El mayor dijo que a él le correspondía partir primero. Buscó el mejor caballo del palacio, hizo que le prepararan bastimento para un mes y partió con los bolsillos llenos de dinero. Anda y anda y anda hasta que llegó a un río. A la orilla había una mujer lavando, que parecía una pordiosera y cerca de ella, un chiquito, flaquito como un pijije y que lloraba que daba compasión oírlo. La mujer dijo al príncipe: --Señor, por amor de Dios deme algo de lo que lleva en sus alforjas; mi hijo está llorando de necesidad.

 --¡Que coma rayos, que coma centellas ese lloretas! Todo lo que va en las alforjas es para mí--. Y continuó su camino. Pero nadie le dio razón de la Flor del Olivar. Se devolvió y en una villa que había antes de llegar a la ciudad de su padre, se metió a una casa de juego y allí jugó hasta los calzones. Al ver que pasaban los días y no regresaba el príncipe, partió el segundo hijo, bien provisto de todo. Le ocurrió lo que al hermano: vio la mujer lavando, con un niño esmorecido a su lado; le pidió de comer, y éste que era tan mal corazón como el otro, le respondió:

--¡Que coma rayos, que coma centellas! Yo no ando alimentando hambrientos --. Tuvo que devolverse porque en ninguna parte le daban noticias de la Flor del Olivar.


Se encontró con su hermano que lo convenció  a que se quedara jugando su dinero.

 Por fin, el último hijo del rey, que era casi un niño, salió a buscar la Flor del Olivar. Tomó el mismo camino que sus hermanos y al llegar al río encontró a la mujer que lavaba y al niño que lloraba. Preguntó por qué lloraba el muchachito y la mujer le contestó que de hambre. Entonces el príncipe bajo de su caballo y busco de lo mejor que había en sus alforjas y se lo dio a la pordiosera. En su tacita de plata vació la leche que traía en una botella, con sus propias manos desmigó uno de los panes que su madre la reina había amasado, puso al niño en su regazo y le dio con mucho cariño las sopas preparadas; luego lo durmió, lo envolvió en su capa y lo acostó bajo un árbol. La mujer, que no era otra que la Virgen, le preguntó en que  andaba, y él le contó el motivo de su viaje. -- Si no es más que eso, no tiene Ud. Que dar otro paso --le dijo la Virgen--. Levante esa piedra que está al lado de mi hijito, y ahí hallará la Flor del Olivar.

 Así lo hizo el príncipe y en una cuevita que había bajo la piedra, estaba la Flor, que parecía una estrella. La cortó, beso al niño, se despidió de la mujer, montó a caballo y partió. Al pasar por donde estaban sus hermanos, les enseño la Flor. Ellos le llamaron y le recibieron con mucha labia. Lo convidaron a comer y mientras fue a desensillar su caballo, ellos se aconsejaron. En la comida le hicieron beber tanto vino que se embriagó. Cuando estuvo dormido, se lo llevaron al campo, lo mataron, le quitaron la Flor y lo enterraron. Sin querer le dejaron los deditos de la mano derecha fuera de la tierra. Los príncipes volvieron donde su padre con la Flor, que fue puesta en agua en la que se lavo el rey sus ojos, que al punto vieron.

 Entonces dijo sus hijos que al morir su inmenso reino se dividiría en dos y así ambos serían reyes. Entre tanto, los deditos del cadáver retoñaron y nació allí un macizo de cañas. Un día paso un pastor y corto una caña e hizo una flauta.

 Al soplar en ella se quedó sorprendido al oír cantar así:

" No me toques pastorcito, ni me dejes de tocar; que mis hermanos me mataron por la Flor del Olivar."

El pastor fue a enseñar la flauta maravillosa y los que la oyeron le aconsejaron que se fuera a la ciudad y que allí todo el mundo pagaría por oírla.

 Así lo hizo y a los pocos días no se quedaba en la ciudad quien no anduviera en busca del pastor dueño de aquel instrumento maravilloso. Llego la noticia a oídos del rey, y éste hizo llevar al palacio al pastorcito.

 Al oír la flauta, recordó la voz de su hijo menor a quien tanto amaba y del que nunca había vuelto a saber nada.

 Pidió al pastor la flauta y se puso a tocarla y con gran admiración de todos la flauta canto así:

"No me toques padre mío ni me dejes de tocar, que mis hermanos me mataron por la Flor del Olivar."

 El rey se puso a llorar. Acudieron la reina y los príncipes. El rey pidió a la reina que tocara la flauta, que entonces dijo:

"No me toques madre mía ni me dejes de tocar, que mis hermanos me mataron por la Flor del Olivar."

El rey quiso que su hijo segundo tocara. Todos vieron que los dos príncipes estaban pálidos y con las piernas en un temblor.

El príncipe trató de negarse, pero el rey lo amenazó. La flauta canto:

"No me toques hermano mío ni me dejes de tocar, que aunque tu no me mataste me ayudaste a enterrar."

El príncipe mayor, por orden de su padre tuvo que tocar la flauta:

" No me toques, hermano  ingrato ni me dejes de tocar, que tu fuiste el que me mataste por la Flor del Olivar".

El pobre rey mandó a meter a sus hijos en un calabozo y él y la reina se quedaron inconsolables por toda la vida

Publicado por: Lic. Carmen Yolanda Fernández



Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...
 

Amiguito En Línea Copyright © 2011 Designed by Ipietoon Blogger Template and web hosting