viernes, 12 de septiembre de 2014

Dediquemos un minuto de nuestro tiempo a leer esta bella reflexión !!!!!!!!!!






Don Roque era ya un anciano cuando murió su esposa. Durante largos años había trabajado con ahínco para sacar adelante a su familia.

Su mayor deseo era ver a su hijo convertido en un hombre de bien, respetado por los demás, ya que para lograrlo dedicó su vida y su escasa fortuna.

A los setenta años Don Roque se encontraba sin fuerzas, sin esperanzas, solo y lleno de recuerdos. Esperaba que su hijo, brillante profesional, le ofreciera su apoyo y comprensión, pero veía pasar los días sin que este apareciera y decidió por primera vez en su vida pedir un favor a su hijo.

Don Roque tocó la puerta de la casa donde vivía su hijo con su familia.

- ¡Hola papá! ¡Qué milagro que vienes por aquí!
– Ya sabes que no me gusta molestarte, pero me siento muy solo, además estoy cansado y viejo.
- Pues a nosotros, nos da mucho gusto que vengas a visitarnos, ya sabes que esta es tu casa.
– Gracias hijo, sabía que podía contar contigo, pero temía ser un estorbo.
– Entonces ¿no te molestaría que me quedara a vivir con ustedes? ¡me siento tan solo!
- ¿Quedarte a vivir aquí?, sí… claro… pero no sé si estarías a gusto, tu sabes, la casa es chica mi esposa es muy especial… y luego los niños..
– Mira hijo, si te causo muchas molestias olvídalo, no te preocupes por mí, alguien me tenderá la mano.
- No padre no es eso, solo que, no se me ocurre dónde podrías dormir. No puedo sacar a nadie de su cuarto, mis hijos no me lo perdonarían, o solo que no te moleste dormir en el patio.
– Dormir en el patio está bien.

El hijo de Don Roque llamó a su hijo Luis de doce años.
– Dime papá.
- Mira hijo, tu abuelo se quedará a vivir con nosotros. Tráele una cobija para que se tape en la noche.
– Sí con gusto. ¿Y donde va a dormir?
- En el patio, no quiere que nos incomodemos por su culpa.

Luis subió por la cobija, tomó unas tijeras y la cortó en dos. En ese momento llegó su padre.

- ¿Qué haces Luis? ¿Por qué cortas la manta de tu abuelo?
– Sabes papá, estaba pensando…
- ¿Pensando en que?
– En guardar la mitad de la cobija para cuando tú seas viejo y vayas a vivir a mi casa.

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¡Que gran lección le dió el hijo (Luis) a su padre! su abuelo, ya viejo y sin ánimos, iba a ser enviado al patio con sólo “una cobija” y ya.

El hijo del abuelo no podía tomarse otra molestia, no podía hacer a un lado su comodidad y la de los suyos para servirle a quién se sacrificó toda una vida porque él fuera el hombre que es actualmente.

Día a día vemos casos así, donde los hijos no cuidan de sus padres, son desagradecidos, olvidan todo lo que sus padres pasaron para salir adelante. Pero deben tener en cuenta una cosa: así como ellos hacen eso a sus padres, así harán sus hijos con ellos… las actitudes se traspasan, y cuando ellos necesiten de ayuda en sus tiempos de vejez, entonces no contarán con el apoyo de sus hijos porque ellos no los enseñaron a ser agradecidos con esos hermosos seres llamados PADRES.

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